sábado, 25 de diciembre de 2010

DOS AÑOS NO SON NADA


Creo que van a ser dos años sin pintar algún cuadro. Sí, apenas puedo calcular los años pasados. Todo sucedió paulatinamente, sin notarlo, como si de pronto me encontrase por unas calles desconocidas y desoladas y me acostumbrara a ellas, a su silencio, a su muerte.

Si alguna vez fui bueno con los números, fue época ya expirada, esa época ya murió como se mueren los amores imposibles; las “jermitas” ahora casadas, adiposas y tristonas no me interesan más, sólo queda la nostalgia para seguir.

Ahora que llegó el mundo del chat, del msn, de los blogs, de los romances secretos, he vuelto a lo mismo. Podría estar “jateando” en este momento y mandar todo a la mierda. Pero mi mundo es la despersonalización o la multipersonalización. Fernando Pessoa estaría feliz “en su salsa”, si viviera…
Me he convertido en un galán internacional a lo Christian Meir, pero sin fotografía y sin perfil reales. ¡Ja!, hembritas de México, de la tierra de Sandino, alguna de Argentina están en mi lista. También una de Canadá que hablaba Panjabi, una de Serbia, de Italia, entre otras más fugaces me mantuvieron con vida. Y como siempre, uno vuelve a brotar sus ramas, sus tentáculos de pasión.

Las mañanas me las paso revisando el diccionario de inglés británico, acabo de terminar el primer ciclo de avanzado en un centro de idiomas ubicado en pleno centro de Trujillo. Y aunque es un idioma que no me gusta hablarlo, es un “milagro” que hasta ahora siga en pie. Soy el más “tardón” de la clase, el que menos participa, pero soy bueno –no excelente, ojo- para los exámenes escritos.
Hace unos días, una compañera nueva se asombró al comprobar que yo había obtenido 89 puntos, segundo de la clase, detrás de ella, claro. Esta pendeja había creído que me habían jalado y me miraba con cierta lástima mal disimulada antes de ver mi nota.
Pero… bueno, si continúo así tal vez se deba a que siempre fui buen aprendiz de este idioma en mi ex-Colegio, incluso pude haber participado en un concurso interescolar en Trujillo; pero la “Miss” no me tenía en sus planes, y al ver que su alumno engreído no ostentaba suficiente calificación para desplazarme, optó por olvidarse del evento académico e ignorarme.

Nunca me llevé bien con los “profes”, o mejor dicho nunca me cayeron bien o mucho mejor dicho –valga la redundancia- a ellos nunca les caí bien. Pero he sido disciplinado hasta mi época de estudiante del cuarto año en Bellas Artes. En el quinto, un profe, de quien es mejor olvidar su nombre, me conminó al olvido. Hay razones de peso para explicarlo. Prefiero dejar las cosas así. No me quejo.

Más tarde iré a meter algo a mi estómago para tranquilizar el hambre, para no flotar como en mis sueños, perseguido y devorado por animales jurásicos sin ojos, ya acostumbrado a ello, a mi silencio, a mi muerte.

Walter Toscano
2007