
A mis pequeños hombres que ya no están
Pequeño hombre de las cavernas
poséeme
con tu piel de animal para el invierno
arrástrame hasta el arco de la cueva de tu madre
y dile que seremos felices juntos
luego mátala y guardemos su carne para los días duros
del 2006.
Pequeño hombre de las cavernas
te abandonaré cuando seas viejo y tosas
con restos del desayuno en tu pañuelo,
fingiremos felicidad ante el click de la cámara
y nuestros recuerdos felices
no rebasaran los limites de un álbum.
Pequeño
muy pequeño
tan pequeño
hombre de otro hombre
en las cavernas
pintando animalitos
para trascender en las paredes,
para que siglos mas tarde
otros hombres
de otras cavernas sepan que estuviste ahí.
Eso es todo lo que buscamos, pequeño hombre de las cavernas
eso
es
todo.
Por eso tenemos hijos
escribimos quejas
nos desnudamos en las pistas para salir en la TV.
Eso es todo lo que buscamos
desde que las cavernas fueron hechas
por los malos aciertos de la madre naturaleza
que también tuvo un hombre que habitaba en las cavernas y olia a fresco limón
después de copular sobre las alfombras verdes
del paraíso.
Eso es todo
era todo
será todo
y millones de siglos después
cuando ya nada de esto exista,
ni las letras,
ni los hombres,
ni la felicidad
estarán las cavernas llenas de animalitos
bajo gruesas capas de tierra
ocultando el precioso secreto de trascender.
JONATHAN ALVARADO RAMOS (GARO)
En cierto modo soy como ellos,
ellos me miran asombrados,
es la libertad que poseen:
observar con la distinta formación de sus ojos
y sus pulgares,
al mundo que se les conmueve.
La saliva a veces chorrea y es tan extraña
esa sensación de masticar, de llevarse todo a la boca
sin remordimiento.
Que me siento pequeño e innecesario ante ellos.
Porque sus ojos no hablan,
no lo necesitan.
Ellos van por la vida tocando el corazón de los hombres
con su desgracia.
Y yo no puedo creer,
su inocente desgracia.
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PIERRE CASTRO>
Es una selección de cuentos de Pierre Castro, publicados especialmente para el Festival RockeArte al aire libre, llevado a cabo en Casa Grande en septiembre del 2009.Y claro, siempre fui el gordito de la cuadra, el niño rico, ahí va Don Jorge chiquito decían, pero ¿alguna vez me viste burlado? ¿alguna vez caer en manos de un cretino? Nadie trepaba árboles como yo. ¿Quién me iba a atrapar? ¡Qué garbo! ¡Qué figura veloz subiendo a la cima de los algarrobos, de los tamarindos! Allá arriba volvía a golpearme el pecho como un tambor, a rugirles a la cara hasta que terminaban por irse, asustados, consternados, tal vez sólo aburridos.
Para mí todo esto de habernos venido a la ciudad fue mal, vieja. Ni un sólo árbol, ni una rama a la que aferrarse, una hojita que morder. Los muebles nuevos, la ropa de cama de lujo, intocables. La casita de Monterrico una celda, y yo cada vez sintiéndome más furioso, un adolescente confundido, agarrándome a los barrotes de la ventana, sacudiéndolos, intentando calmar a la bestia.
¿Nunca dio resultado sabes, vieja? Uno pensaría que el colegio, la universidad, algo hicieron, pero no. Los modales, sí claro, sumar, restar, los catorce incas, cuántos huesos tiene el cuerpo humano, la pirámide de Maslow, Philip Kotler, la tesis, la exposición final delante del decano, el birrete volando por los aires, pero llevando siempre la furia dentro, el rugido, la agitación, el llamado de la naturaleza.
Ahora Mariana descansa a mi lado y pienso que incluso a ella, como en la película, la arranqué brutalmente de su mundo. Presa en mi enorme y peluda mano, gritó, se negó con todas sus fuerzas, hasta que finalmente se resignó a quedarse conmigo, pero sin entender nunca mis gruñidos, mi brutal forma de amarla.
.
Vieja, por las noches después del trabajo, subo a la azotea del edificio a fumarme un cigarro. Me quedo mirando la ciudad, preguntándome a dónde se iría a parar toda aquella fuerza que yo guardaba. Veo pasar los aviones a lo lejos y me pregunto por qué no vienen hasta aquí a llenarme el cuerpo de plomo, a hacerme caer del edificio. Y es casi un deseo, vieja. Una furiosa necesidad de poder aunque sea morir como King Kong y no bajar nuevamente a la misma cena fría, el noticiario, el sueño obligado, el despertador, el tráfico, la oficina, el pequeño baño en el que me encierro a media mañana como un loquito a rugir y a hacerme sonar el pecho como un tambor.
*** Cuento de Pierre Castro, publicado originalmente en:
http://www.colectivocadaver.blogspot.com/







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PERROKALATO
























