Marla y una de sus obras, en el afiche promocional de "My kid could paint that" Marla es una niña que descubre el velo cínico del arte moderno, con la venta de sus cuadros a precios exorbitantes. En el documental “My kid could paint that”, simplemente el manto que cubre el show business de la pintura abstracta se craquela y cae ante nuestros incautos ojos. Y nos preguntamos, ¿qué hace genial a un artista? ¿Es su gran capacidad al resolver en arte su original manera de ver, de sentir? ¿Qué hace genial a un artista? ¿Por qué una pintura cuesta más que otra con estilo similar? ¿Por qué tan fácilmente se confunde genialidad con seudogenialidad? Realmente hay más sobras del arte moderno que obras artísticas, pues el arte se ha despersonalizado.
El arte no debe dejarse llevar solamente por el impulso. Hace varias décadas atrás, un chimpancé ya nos había demostrado que cualquiera que se propusiera podía pintar a la manera de los grandes maestros de la pintura abstracta. ¿Dónde queda, entonces, el conocimiento teórico del color y la composición? ¿Acaso el arte abstracto es producto del azar y no del conocimiento cabal de la teoría del arte visual en su más diáfana magnitud?
La producción pictórica de Jackson Pollock es otra gran mentira. Sus obras resultaron de la casualidad. ¿Reside su “genialidad” en su técnica, en el action painting igual como los niños pintarrajean papeles o paredes? No es que todo el arte actual o de las últimas décadas sea fraude, pero sí la mayor parte de las obras artísticas es basura del impulso. Y en esto los críticos y actualmente los curadores han tenido mucho que ver para que la pintura haya devenido en mierda, mierda pura.
Hace algunas semanas, un grupo de críticos, curadores y gente vinculada mercantilmente al arte en Perú o con intereses personales o grupales, discutieron –entre otros temas- acerca de qué era arte y qué no. Uno de ellos calificó al degradante video Kouri-Montesinos como una muy probable obra de arte moderno. ¿Obra de arte moderno? Así es, leyó muy bien: obra de arte moderno. Entonces vale la pena preguntarnos, ¿quién es el artista? ¿Kouri? ¿Montesinos? ¿Quien puso la cámara a filmar? Acaso, ¿la cámara fílmadora? ¿O es un trabajo colectivo?
Lógicamente, muchos nos dejamos llevar por lo que queremos ver. Yo rayo a lapicero 32 líneas de manera improvisada –como lo haría un niño de 6 años-, y el resultado bien podría ser de agrado para el ojo de un crítico o curador actual.
Hasta la estupidez. Sí, hasta este punto ha llegado el alcance de la vista, hasta las estúpidas sensaciones provocada por una mente cínicamente entrenada por el inconsciente, perfilada o manchada con incontables desechos verbales, porque el crítico o curador traga y vomita verborrea protegida por el halo sagrado que les ha otorgado la modernidad. Para darse cuenta de ello, apenas nos bastaría con desgajar un diario, revista o catálogo de arte contemporáneo para leer sus burbujeantes teorías en defensa de sus propios intereses: seguir estafando al público que se podría llamar “cultivisual” o “cultiartístico”. Escoja Ud. el mejor término. Y todo ello porque han llegado al tope de sus miradas miopes. ¿Qué podemos esperar de todo esto, de todo este cinismo en que se ha convertido el arte moderno? Sólo pasar a otra ventana pictórica, a otra que tengamos que mirar sin la desconfianza originada por los críticos o curadores de fétidos discursos oficiales, o el círculo vicioso se habrá iniciado.



















Les invitamos a una nueva jornada de POESÍA DE MIÉRCOLES..jpg)
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Es una selección de cuentos de Pierre Castro, publicados especialmente para el Festival RockeArte al aire libre, llevado a cabo en Casa Grande en septiembre del 2009.





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